Se ha producido un error en este gadget.

lunes, 9 de junio de 2008

lunes, 2 de junio de 2008

Los lesionados corren en Viveros (domingo 1o de junio)


¡Ouch, mi espalda!... ¿no te ha pasado que después de correr en pavimento sientes un punzante dolor, ya sea en el tobillo, rodillas o espalda que ni siquiera te permite correr? A mí sí, y es horrible porque aquellos que nos dedicamos a las carreras, es una impotencia de no poder realizar los ejercicios de forma normal.
Hace poco me lastimé mi parte lumbar (espalda baja) corriendo el famoso Marathón por Equipos que organiza la DGADyR de la UNAM. Ahí corrimos 5 Km cada participante del equipo hasta recorrer los 21 Km., pero en pavimento con subidas y bajadas. Al término de esta carrera, su seguro servidor se sentía muy bien, pero a la mañana siguiente... ni de la cama podía pararme -¡ouch!, un dolor insportable. Y como buen mexicano, estuve esperando que la naturaleza siguiera su curso creyendo que la lesión se esfumaría por gracia espiritual, lo cual no fue así. Tuve que ir a visitar a un respetable galeno de Medicina del Deporte...
-A ver, señorito, ¿qué tiene usted?
-Me duele la espalda
-Quítese los zapatos, desabróchese el cinturón y recuéstese en la camilla bocabajo
- (pensando)... uy, si no son fríos los médicos, siquiera me hubiera invitado una taza de café, digo, pa'flojar el cuerpo.
El parafílico médico expreso su sadismo hacia mí golpéandome incesantemente la espalda con sus no tan cálidas manos
-¿te duele?
-¡sí y mucho!, ¡aaah!
-¿te duele ahora en esta parte?
-sí, ¡aaah!
-¡no sea chillón!
-¿pues no sea golpeón!
Después me dijo que doblara las piernas lo más que pudiese (si sabe que me duele, ¿por qué lo pide?). Luego que bocarriba flexionara las piernas hacia arriba y hacia abajo alternadamente, y luego que hiciera "bicicletas". En verdad que llegué a experimentar lo que sufrieron los torturados en la Edad Media. El dolor era insoportable. Yo, que me considero una persona flexible (y no me refiero a la actitud...), no podia ni tocar mis gemelos (¡ojo!, entiéndase "gemelos" como los músculos posteriores de las piernas... las pantorrillas pues).
-Hmmm (con la mano en el mentón y el índice tocando la punta de la nariz), pienso que tienes lumbalgia.
-(pensando otra vez)... ya valió madre esto, con ese nombrecito de la enfermedad, el sida se queda lejos.
La lumbalgia -me explicaba el doitor- es un padecimiento de origen muscular-esquelético que se caracteriza por presentar un dolor en la parte lumbar (zona baja de la espalda). Los músculos de esa zona se distienden causando dolor y esto puede deberse al mismo estrés, una mala postura para sentarse o caminar y lo peor de todo, hacer un esfuerzo físico grande como correr en pavimento...
Todo aturdido y consternado por los golpes, escuché en cámara lenta las palabras médicas que acabarían de una vez por todas mi autoestima: -"no podrás correr por el momento"- y luego el tiro de gracia: -"si no te cuidas, una cirujía menor no estaría nada mal".
No cabe duda que nuestro cuerpo es susceptible del maltrato indiscriminado que le damos constantemente y aún más si nos dedicamos al ejercicio contínuo. Lo importante es aprender a realizar los ejercicios adecuados (correr mejor en pasto o en arcilla para amortiguar el impacto), calentar bien antes de iniciar alguna actividad, caminar y sentarse con la espalda erguida, utilizar aditamentos como rodilleras o tobilleras contra los impactos fuertes (en la foto pueden ver a Pamela utilizándolos), colocarse hielo, después de correr, en la parte afectada para disminuir la inflamación o, en su defecto, atender las lesiones con un especialista en casos extremos. Je, je, es un mensaje para otro lesionado, Maciel, quien se lastimó la pierna izquierda corriendo en la Carrera por África... ¡y así fue a correr a Viveros!, ¿obsesionado deportista o desidioso de sí mismo?
¿Ya ven?, no les vaya a pasar lo que a mí. Lo bueno es que me atendí a tiempo, tomé los medicamentos que me recomendó (relajantes musculares y bloqueadores neuromusculares) y terapia con compresa caliente todas las noches. Me duele un poco, pero no lo suficiente como para dejar de hacer ejercicio... al fin, ¡otra vez puedo correr!